Cuando los obispos te dejen caer en el infierno
Ahí estará tu compañero, complaciendo con riegos
Tu soledad con positivos lamentos
Cuando seas golpeada por látigos como caballos
Ahí estará tu amigo, forrando tu lindo cordobán
Con diversos estampados
Cuando el astro te abandone por hacer el amor con un eclipse
Ahí estará tu chico, orientando las auroras
Y trazándolas sobre tus primorosos rasgos
Y sin embargo...
Si me pides que te olvide:
Te recuerdo que puedo ser tu alba
E iluminar tus auroras
Si insistes que te odie:
Puedo ser tu palafrén
Y tú la mujer del látigo con espeso cordobán
Si ruegas en que te abandone:
Puedes ser mi manceba mujer
Y juntos formemos un mar con espesos lagrimeos
. . .
Eres mi mujer, montada en un corcel corriendo a través del amanecer
Y yo tu simple hombre embelesado
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